Abr. 11, 2013
新国誠一

新国誠一

Mar. 19, 2013
Universidad del Claustro de Sor Juana. 20 de marzo, 18:00.
José María Izazaga 92  Centro, Cuauhtémoc, 06080 Ciudad de México, Distrito Federal, México
+52 55 5130 3300

Universidad del Claustro de Sor Juana. 20 de marzo, 18:00.

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Feb. 22, 2013

Il caffè letterario - 13 - Valerio Magrelli racconta Charles Baudelaire (por Manolo Trinci)

Feb. 20, 2013

“Nagisa Oshima” por Donald Richie

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Habíamos llegado temprano para discutir lo que íbamos a decir. No había habido, de todos modos, ninguna discusión. Tanto Oshima como Nobuhiko Obayashi le habían entrado al whisky. Ya tenían las lenguas pesadas y las sílabas se arrastraban.

Se suponía que iban a hablar del cine moderno desde el punto de vista del director. Yo estaba ahí como crítico, y para darle cierta aura internacional al acto. Era una mesa en un gran congreso sobre arte y había ya bastante más de quinientas personas que esperaban sentadas en el auditorio.

Les sugerí que fuéramos yendo al escenario. Obayashi movió la cabeza en señal de asentimiento pero Oshima frunció los labios y cerró los ojos. Quería otro trago.

Quizá podríamos ponerlo en la tetera, dije. En toda mesa redonda hay una tetera y tazas. Así que si están sedientos todo el mundo pensará que están bebiendo té.

Oshima sonrío ampliamente, los ojos todavía cerrados, y golpéo la mesa en señal de aprobación.

Llenamos la tetera sin vacilar. Me ofrecí a llevarla al escenario y colocarla frente a ellos. Obayashi hizo amablemente una reverencia, y trazó una floritura con la mano. Oshima hizo una genuflexión.

Había visto borracho al famoso director de cine muchas veces. Era un buen bebedor. El whisky le era un elemento tan natural como el agua a un pez. Aunque bastante sobrio cuando trabajaba, para Oshima el whisky era relajante. Sin embargo, sin importar cuánto hubiera bebido, sin importar cuánto se le enredarara la lengua y le resbalara lo que profería, su inteligencia se mantenía aguda y crítica.

Sobre todo crítica. Es la única persona que conozco que lo ha sido consistentemente. Lo normal es que hasta el más intransigente ceda en algún momento, pues llegar a un entendimiento es una necesidad imperiosa; pero en Japón Oshima era el único que no lo haría.

Habiendo sido él mismo un radical —uno de los intelectuales de la Universidad de Kioto— se volvío luego contra los radicales, como se volvío también contra los comunistas, convirtiendose en uno de sus críticos más severos. Trabajó para una gran compañía cinematográfica y se volvío contra la compañía. Escribió para una revista liberal de cine y se enfrentó a los liberales.

En todo esto uno reconoce un mismo principio, un principio noble, raro en todos lados y aquí sencillamente inaudito: una renuencia a pertenecer a lo que fuera, la más fuerte de las aversiones a ser un miembro.

Junto con esto, una concepción no menos decidida de lo que significa ser humano. Un ser humano es solitario, y esto tendría que respetarse; tiene fallas, lo cual requiere tolerancia; es distinto, tiene muchos colores, formas y tamaños, cada uno de lo cuales tienen una razón de ser.

Oshima es un humanista, un relativista, un pluralista. Todas estas cualidades son raras. Me he preguntado muchas veces cómo alguien como él puede sencillamente surgir. Una vez más, mientras lo seguía por el corredor, llevando la tetera, mirando cómo doblaba la esquina, me maravilló que fuera japonés.

Lo cual también es relativo. En cualquier caso, las generalizaciones también son posibles. El rechazo de Oshima a jugar el juego a la manera japonesa ha resultado en que el pueda filmar menos de una película al año, y en estos tiempos más de una solo consiguiendo fondos no japoneses. No recurrirá a la red de viejos conocidos, aunque está conectado, siendo exalumno de la Universidad de Kioto. No jugará al compadreo. No consentirá en el quid pro quo, otro pasatiempo favorito, y dirá lo que piensa sin tomar en cuenta a quién afecte.

En su obra, en la televisión, en la prensa, ha atacado a la derecha, a la izquierda, al gobierno mismo. Se ha manifestado energícamente en favor de los derechos de los nacidos en Japón con atepasados coreanos pero que siguen siendo vistos como extranjeros. Ha criticado a los militares, a los políticos, y aún a la estructura social de Japón. Es muy valiente.

Y, dicho todo lo cual, muy borracho.

Un leve tropezón y estábamos en el escenario, detrás del telón, al otro lado el rumor de un público inquieto. Luego el telón se levantó, las luces se encendieron y la multitud se calló.

Puesto que no habíamos decidido qué decir ni como empezar, el silencio se prolongó hasta que Oshima, sonriendo, comenzó. Quizá, dijo, han venido con la esperanza de oir hablar de cine, pero hay cosas más importantes. Y procedió a hablar largamente sobre cómo aprender a decir lo que uno quiere, cómo expresar aquello en lo que uno cree.

Luego Obayashi empezó a contar una historia sobre un pez que había pescado la semana pasada. Eso le interesó a Oshima, que respondío con la historia de unas mancuernillas perdidas que había encontrado en el lugar más inusitado. Luego Obayashi habló sobre la diferencia entre los sexos, poniendo como ejemplo una película suya reciente.

“Ah, la diferencia entre los sexos”, gritó Oshima, de pie, mirando de frente, las manos a los lados: hice una película sobre eso pero no podrán verla aquí en Japón por culpa de la mente sucia de los censores, que convirtió una película pura en un asco.

Obayashi asintió, llenando sus tazas de té hasta el borde, y Oshima se volvió subitamente hacia mí: tú sabes un montón sobre la diferencia entre los sexos. ¡Di algo!

Sonreí y me dirigí al público: confío en que no crean que es té lo que hay en la tetera.

Todos rieron.

La gente en la sala rio obviamente por alivio. La risa de mis vecinos era la de dos chamacos atrapados con las manos en la masa.

A resultas de lo cual no tuve que manifestarme al respecto.

Oshima, de todos modos, lo hizo: hay diferencias, dijo, serias diferencias; en otro sentido, sin embargo, no hay ninguna diferencia. Así que está bien que un hombre ame a una mujer, una mujer a un hombr; o una mujer a una mujer o un hombre a un hombre. No me escandaliza que un hombre ame a un hombre y estoy harto de toda la hipocresía que rodea estos temas.

También estoy harto de la hipocresía del mundo en otras cosas. Vean Japón, gritó: fijense en el gobierno. Complaciente, animando a la gente a convertirse en máquinas compradoras, manteniéndola si cerebro con diarias dosis de televisión. Y todo por lucro. Miren cómo planean las ciudades, miren los edificios que construyen. Máquinas para vivir, los llaman. Ja. Erupciones es como los llamo. Erupciones en el desierto. Es lo que están haciendo ahora.

El público se había ido poniendo cada vez más inquieto. Los dos oradores estaban francamente borrachos y Oshima gritaba, enrojecido, girando en su silla. Entonces un hombrecito atildado se puso de pie.

—Discúlpeme, Sensei.

Sensei, cacareó Oshima: vaya payaso.

—Bueno, de acuerdo, pero algunos hemos venido desde una distancia considerable para escuchar estas conferencias, y tenemos el derecho, me parece, de esperar un poco más de seriedad y un poco menos de ligereza de parte de algunos de los participantes. Deberíamos, creo, empeñarnos en una discusión más seria.

—Con que esas tenemos —gruñó Oshima, de pie, alto y enrojecido—. ¿Quién demonios se cree que es, para venir aquí e interrumpir esta conversación perfectamente humana que estamos teniendo?

El hombre atildado sonrío y miró alrededor, señalando al maniatico del podio.

—¿Y qué hace usted? Preguntó Oshima, muy agresivamente.

El hombre sonrío como disculpándose, pero al mismo tiempo algo triunfante.

—La verdad es que soy un miembro de esa profesión que acaba usted de denigrar. Soy arquitecto. Mi nombre —aquí la voz descendió con modestia— es Kurokawa.

Tremendo. Era Kisho Kurokawa, el famoso arquitecto, diseñador de muchos edificios premiados, un particular consentido de los medios. Luego, después del alboroto, un silencio cargado. El duelo estaba a punto de comenzar. Una batalla de titanes, ansiedad en sus filas.

Pero no hubo duelo, no hubo escarceos, no se dijeron sus verdades. Oshima simplemente avanzó tambaleándose hasta el borde del escenario, se inclinó precariamente, apuntó con un dedo afilado y gritó: ¡Deberían fusilarlo!

Otro estremecimiento de emoción. Luego: es la clase de gente como usted la que está destruyendo este país, son ustedes con sus cajitas los que le están negando a este país su humanidad.

Mientras escuchaba este maltrato extraordinario, pensé qué propio de Oshima era decir “este país” (kono kuni), cuando cualquier otro hubiera dicho “nuestro país” (waga kuni). Aun borracho perdido y en un pleito recordaba la importancia de esas distinciones.

El arquitecto había esperado quizá un intercambio con el director de cine borracho, que habría arrojado una luz favorable sobre él mismo. No tuvo ninguna oportunidad. La invectiva se derramó como lava. No había manera de equivocarse. Se quedó de pie, el rostro ceniciento, y fue enterrado.

Entonces Oshima eructó ruidosamente y rió, antes de cubrrise la boca con la mano en un gesto tardío de disculpa. Tomando a Obayashi de la mano, procedió a cruzar el escenario con pasos de vals. Me invitaron a unírmeles y, mientras los tres nos escurríamos, cayó el telón.

—¡Más tragos, más tragos!, gritó Oshima, ¡más teteras!. Qué buena idea tuviste con esa tetera. (Me rodeó con el brazo.) Ahora, salgamos a la noche. Imagínate nomás. Podríamos hasta descubrir el sentido de la vida. Me pellizcó la mejilla, y salimos.

Traducción de Aurelio Asiain

En Japanese Portraits. Pictures of Differente People

Feb. 18, 2013

Una nota de 1986 sobre Gerardo Deniz

Feb. 14, 2013
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Feb. 2, 2013

Canción

Un serbal como chica con carmín
Entre la senda y el camino real,
en la goteante húmeda distancia,
al ajetreo ajenos, los alisios.

Hay flores en el barro del dialecto
y en el tono perfecto siemprevivas
y ese instante en que el pájaro que canta
sigue la música de lo que pasa.

SEAMUS HEANEY /a.a.

Ene. 31, 2013

Vieja usanza


Estamos cerca de la fábrica
de fantasmas de cuero:
bandoleras que cuelgan como niños perdidos,
bolsos con forma de pezuña hendida
con las que puede andar uno a las tiendas
de la mano del diablo.

ROBIN ROBERTSON / a. a.

Ene. 25, 2013

El tacto


Tantean en ti mis manos como si eso fuera
la realidad, tocarte, y la explicaran. Lentas
para aprender, requieren nuevas explicaciones,
una vez y otra vez. Como si no supieran

qué realidad querían explicada: aquí,
dicen, y esto y también esto, y esto también.
Esto es la realidad, sí. Explicar
es posible. Tú tócame. Te toco.

WILLIAM BRONK
/ a.a.

Ene. 5, 2013

Héctor

Bizarro es Héctor, aunque no gigante,
pero nos embeleza y nos imana,
pues, bajo la altivez de su semblante,
su abnegación es casi cristiana.

No supera en la lid al rudo ayante,
si la derrota en pulidez urbana;
no triunfa de Patroclo, que el triunfante
ha sido Apolo, y sin razón se ufana.

En Glauco, en Sarpedón, mejor se aprecia
al capitán, y lo aventaja Aquiles,
sólo cruel por serlo entonces Grecia.

Mas canta, diosa, y a los pueblos diles
que contra Héctor la censura es necia
medida con sus prendas varoniles.


ALFONSO REYES

Ene. 5, 2013

La stanza delle mosche

Arde el cuarto en el sol de la mañana,
en la claras ventanas zumban moscas:
golpes y cabezazos en el vidrio. Tronando
una cae de la luz al suelo, negra
vibración susurrante en la pared
previa al arranque y al despegue:
otra vez el gimiente vuelo bajo, otra vez
la incursión infructuosa por el mundo exterior.
Caen en mi mesa y en mis manos, giran
vueltas de espaldas su morosa muerte
en las baldosas blancas, a un lado
y luego al otro, trompos chilladores
que comienzan y paran, en un chisporroteo
de cables en cortocircuito, y gimen
pidiendo un pisotón.

ROBIN ROBERTSON
/ a.a.

Dic. 28, 2012

Páginas iniciales

Dic. 21, 2012

El día del fin del mundo



El día del fin del mundo
No pesques un resfriado
Cuídate de los virus
Pon a orear en la veranda
Las sábanas y el futón
No te olvides de cerrar
La llave del gas
Y la arrocera eléctrica
Prográmala para las ocho


YOSHIRO ISHIHARA/a.a.



世界がほろびる日に

世界がほろびる日に
かぜをひくな
ビールスに気をつけろ
ベランダに
ふとんを干しておけ
ガスの元栓を忘れるな
電気釜は
八時に仕掛けておけ


石原吉郎

Dic. 17, 2012

Flores


En medio de la noche abro los ojos.

En un rincón del cuarto están despiertos
los crisantemos.

Mañana empezarán a marchitarse:
esa belleza en flor es el comienzo.

Antes de hacer el largo viaje,
cómo podrían conciliar el sueño,
en el fervor de los preparativos.

Qué encendida quietud.


Rin Ishigaki /a.a.

Dic. 14, 2012

Naturaleza muerta


En las cosas tranquilas, qué rencor. 
Cuánta tristeza en esa superficie.
Refleja el ojo blanco del tazón
el verde en la ventana con frialdad.

SAKUTARO HAGIWARA/a.a.



静物

静物こころは怒り
その上辺は哀しむ
この器の白き瞳にうつる
窓際の緑はつめたし。


萩原朔太郎

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